Tarde de otoño
Enrique acabó de tomar el café, pagó al mozo y salió de Fornos. Señalaba las cinco y cuarto el reloj […]
Enrique acabó de tomar el café, pagó al mozo y salió de Fornos. Señalaba las cinco y cuarto el reloj […]
El conde de Montesol penetró con su hija lsabela en el antepalco. Despojáronse de sus fastuosos abrigos de pieles que,
Ajeno a la hermosura de la mañana espléndida, insensible a la belleza de un cielo azul diáfano y resplandeciente, sin
Apoyada de brazos en el balcón, la solterona doña Teodolinda, contemplaba el pequeño jardín que se extendía ante su hotel.
Cerca de un castillo gótico y en el ángulo de fértil valle que a sus pies se extiende, espejean las