Audiolibro Tarde de otoño
Enrique acabó de tomar el café, pagó al mozo y salió de Fornos. Señalaba las cinco y cuarto el reloj de la Equitativa, cuya elegante cupulilla destacábase airosa sobre el azul del cielo.
Enrique, por rara casualidad, no tenia aquella tarde que asistir a la oficina de la Compañía en que estaba empleado, donde pasaba los días enteros trabajando en planos de ingeniería. Al verse libre suspiró con placer el aire puro de aquell a tarde espléndida, una de esas hermosas y apacibles tardes que se disfrutan en Madrid los días de otoño, en que el cielo sereno y limpio semeja inmenso dosel de purísimo azul, que cobija la ciudad, y en que un aire suave refresca el ambiente.

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