Audiolibro La solterona
Apoyada de brazos en el balcón, la solterona doña Teodolinda, contemplaba el pequeño jardín que se extendía ante su hotel.
A la luz débil de aquel atardecer otoñal, las siluetas de los árboles destacaban en el fondo de un empalidecido cielo. A veces, bruscas ráfagas de viento movían las ramas haciendo desprenderse las hojas, ya marchitas, que caían revoloteando como obscuras mariposas, yendo a posarse entre las hirsutas ramas de los arbustos del jardín… Y así como los pájaros, presintiendo la noche cercana, acudían a refugiarse en las espesuras del boscaje, en aquella hora silenciosa y nostálgica del crepúsculo, acudieron a la mente de la solterona sombríos pensamientos, sumiendo su siempre alegre y sereno espíritu en el lago profundo de la melancolía.

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