Audiolibro Lo indescriptible
Ajeno a la hermosura de la mañana espléndida, insensible a la belleza de un cielo azul diáfano y resplandeciente, sin reparar siquiera en las lindas mujeres que, luciendo claros trajes primaverales, pasaban a su lado dejando tras sí estela de elegancia y juventud, Federico Arlanza, caminaba presuroso por el ancho andén del paseo de Recoletos hacia la Biblioteca Nacional.
Tan abstraído iba en sus meditaciones, que no paraba mientes en las infantiles protestas que su paso atropellador levantaba entre los grupos de juguetones pequeñuelos, cuando distraído pisaba una pelota o tropezando en su camino con algún aro, lo hacía variar de dirección. Menos reparó aún en el gesto fosco y malhumorado de una bella jovencita a quien, en su apresuramiento, empujó involuntario, haciéndola perder la airosa apostura, en que arqueados en alto los brazos sostenedores de los palillos que atirantaban el fuerte bramante, esperaba recoger el volador carrete del diávolo lanzado al espacio con ágil y violento impulso .

Deja un comentario