Cuando el informe detallado de la primera sesión celebrada por ustedes llegó a Londres, ¡oh animales franceses!, hizo palpitar el corazón de los amigos de la Reforma Animal.
En mi cabecita tenía yo tantas pruebas de la superioridad de los Animales sobre el Hombre que, en mi calidad de inglesa, vi llegado el momento tan anhelado de publicar la novela de mi vida para mostrar cómo, pobre de mí, me atormentaron las leyes hipócritas de Inglaterra.
Ya en dos ocasiones, algunos ratones que había jurado respetar después del bill de su augusto Parlamento me habían llevado a la casa del editor Colburn y yo me había preguntado, al ver a viejas señoritas y señoras maduras e inluso jóvenes recién casadas corrigiendo las pruebas de galera de sus libros, por qué, teniendo uñas, no haría yo otro tanto.
Nunca se sabrá en qué piensan las mujeres, sobre todo las que pretenden escribir; en tanto que una Gata, víctima de la perfidia inglesa, tiene interés en decir más de lo que piensa, y lo que escribe en demasía puede compensar lo que callan esas ilustres ladies.
Deja un comentario