Zeledón nos transporta a la Nochebuena de 1872 vista a través de los ojos de un niño de siete años en San José (Costa Rica). El cuento reconstruye las emociones y la ilusión de las fiestas navideñas.
Con un estilo nostálgico, el autor evoca los sonidos, colores y aromas de una época ya pasada y remarcando las bonitas tradiciones populares que marcan la Navidad en la cultura costarricense.
Una obra breve, pero evocadora, donde se celebra la magia y la inocencia de la niñez.
«Corría para mí el dichoso año de 1872. Libre de las faenas escolares, en plenas vacaciones, pasados los sustos y angustias de los exámenes, despedido ya de los queridos profesores don Manuel; don Adolfo y don Ángel Romero, don Amadeo Madriz y mi tío don Alejandro González, frescos aún en mi memoria sus últimos consejos y en mi cuerpo sus últimos reglazos y coscorrones, me disponía a gozar con todas mis fuerzas de los veinte o treinta días de libertad relativa, dando de mano al Cinelli, al Herranz y Quirós, a la Aritmética de “don Joaquín”, a los carteles y a las planas rayadas en cuarta.»
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