En una esquina, de una calle, esquiva y silente, de Sebastopol,dormita un tártaro. Ante él hay una cesta de hermosas naranjas, que parecen bolas de oro.
Reinan el bochorno, y el fastidio; pero el tártaro ni tiene calor ni,se aburre.
¿En qué piensa, de pie ante su cesta, ante su rublo y medio escaso de mercancía? Lo más probable es que no piense en nada. Es su dolce far niente un estado de perezosa languidez, casi pura vida vegetativa.
El tártaro dormita, y todo, es calma en torno. De tarde en tarde, pasa un transeúnte o sale de una casa una ociada soñolienta a comprar un parde naranjas.
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