«QUISIERA…
¡ Quisiera, noble hermana,
prender en los encajes
del verso y de la prosa,
el alma triste, arcana,
sutil y misteriosa
que tienen los paisajes!
¡SILENCIO!…
Ufanía de mi hombro,
cabecita rubia, nido
de amor, rizado y sedeño:
¡ Por Dios, a nadie digas que tanto te nombro,
por Dios, a nadie digas que nunca te olvido,
por Dios, a nadie digas que siempre te sueño!
NO LE HABLÉIS DE AMOR
¡ Es su faz un trasunto de ideal, tan completo!
¡ Son sus ojos azules de tan raro fulgor!
Sella todos sus actos en divino secreto…
i No le habléis de amor!
¡ Es tan nobfe el prestigio de sus manos sutiles!
¡ Es tan pálido el rosa de sus labios en flor!
Hay en ella el misterio de los viejos marfiles…
¡ No le habléis de amor!
Tiene el vago embeleso de las damas de antaño,
en los lienzos antiguos en que muere el color…
¡ No turbéis el silencio de su espíritu huraño!
¡ No le habléis de amor!
(…)»
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