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El loro antillano

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Audiolibro El loro antillano

Doña Frasquita acababa de cumplir los sesenta y dos. Era pomposa, rubiales, dada a las novelas radiofónicas y tenía un corazón caritativo y tiernucho. Se pintaba llamativamente, asistía a los estrenos de teatro para aplaudir como una loca, y conservaba las buenas maneras en la mesa y en el juego del julepe con sus amigas. Jugaban fuerte y apasionadamente, pero sólo las tardes de los sábados y las de los domingos.

El estanco le daba su dinerillo y no tenía quebraderos de cabeza ni cocido un día sí y otro no, ni apremios del casero. Todo el mundo la quería: su peluquera se hacía lenguas de ella, sus clientes alababan su cortesía y su agradable charlar sobre el tiempo y sobre las cosas de la vida. Además, la política le importaba un rábano, porque era mujer de orden y de desfiles.

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