Esta fue la primera de sus obras y podemos decir que destaca por la forma original en la que está escrita, ya que se trata de un libro de prosa poética a la par que diario íntimo.
En él Teresa reflejará sus sentimientos más profundos, marcados por la melancolía, por el amor no correspondido, por la angustia existencial y la búsqueda de libertad. Además, dado que la obra es tan introspectiva, podremos conocer desde un lado muy profundo su rebeldía ante las normas sociales, su dolor por la incomprensión y su pasión por el arte y la vida.
Debido a la vida que tuvo la escritora y por los lugares a donde la llevó, la obra se encuentra influenciada por el modernismo, y destaca sobre todo por su tono confesional y su intensidad emocional, convirtiéndose en un testimonio literario de su sensibilidad y sufrimiento.
«La luz de la lámpara, atenuada por la pantalla violeta, se desmaya sobre la mesa.
Los objetos toman un tinte sonambulesco de ensueño enfermizo; diríase que una mano tísica hubiera acariciado el ambiente, dejando en él su languidez aristocrática.
Una campana impiadosa repite la hora y me hace comprender que vivo, y me recuerda, también, que sufro.
Sufro un extraño mal que hiere narcotizando; mal de amores, de incomprendidas grandezas, de infinitos ideales.»
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