Si quisiesse un pintor en la cabeça
que está pintando de una hermosa dama
hazer el cuello de caballo y crines,
el cuerpo de ave con diversas plumas
de infinitas colores variado,
y que del lo postrero rematase
en una cola de ligero pece,
¿podríades tener la risa acaso
los amigos que a verla habéis venido?
Creed, Pisones, que la poesía
será muy semejante a estas pinturas
si en ella se fingieren vanos sueños,
como de algún enfermo de modorra
cuya cabeça y pies no correspondan
con toda la figura y proporciones.
Verdad es que pintores y poetas
tienen para fingir una licencia
(bien lo sabemos, y el perdón pedimos,
y otras veces también solemos darle),
mas no tampoco en tanto desvarío
que se atrevan juntar lo fiero y manso,
las aves y serpientes, y a los tigres
paciendo con los tiernos corderil os.
Porque hay algunos que en principios graves
y en materias de cosas levantadas
que professan, ingieren un remiendo
de algún paño de púrpura finíssima
que se descubra mucho y resplandezca,
como si en un discurso heroyco y grave
os detenéys en el pintar menudo
del bosque y ara de la casta Diosa
y el agua que apresura su corrida
por los varios e inciertos arroyuelos
de frescos prados y de verdes val es,
o el río Rhin, o el arco de las nubes;
y aunque por dicha no hay lugar, tú sabes
dibuxar un ciprés, si por ventura
el que a nado escapó de la tormenta
te manda que le pintes su peligro
en una tabla dándote dineros
para colgarla en devoción al templo.
Si comencé a labrarse un grande cántaro
con el ligero curso de la rueda,
¿por qué sacaste un vaso tan pequeño?
Al fin lo que escribieres sea senzil o
y entre sí muy conforme, igual en todo.
La mayor parte de los que escribimos
versos, ilustre padre y mocos dignos
de haber nacido suyos, nos engaña
la sombra y apariencia de lo bueno
y huyendo de un extremo en otro damos.
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