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Soliloquio de un solterón

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Audiolibro Soliloquio de un solterón

Me miro el dedo gordo del pie, y gozo.

Gozo porque nadie me molesta. Igual que una tortuga, a la mañana, saco la cabeza debajo la caparazón de mis colchas y me digo, sabrosa­mente, moviendo el dedo gordo del pie:

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