Audiolibro La sombra
Había salido del hospital el día de Corpus Christi, y volvía, envejecida y macilenta, pero ya curada, a casa de su ama, a seguir nuevamente su vida miserable, su vida miserable de prostituta. En su rostro, todas las miserias; en su corazón, todas las ignominias.
Ni una idea cruzaba su cerebro; tenía solamente un deseo de acabar, de descansar para siempre sus huesos enfermos. Quizá hubiera preferido morir en aquel hospital inmundo, en donde se concrecionaban los detritus del vicio, que volver a la vida.

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