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Conciencias cansadas

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Audiolibro Conciencias cansadas

Salí del teatro, disgustado, triste, con el cerebro lleno de ideas negras. Tanta grosería, tanta bestialidad, me molestaban. Me encontré en la calle. Era un anochecer de día de fiesta. El cielo estaba plomizo, llovía; como el barro sucio en las aceras, se iban formando en mi espíritu sedimentos de ideas turbias, precipitados negros, tan negros como el cielo y como la noche .

Las tiendas estaban cerradas; los tranvías regresaban hacia la Puerta del Sol, atestados de gente; había esa animación repulsiva del domingo, que tanto nos molesta a los que podemos salir durante toda la semana. Hasta en eso el hombre es egoísta: le desagrada a uno la alegría estrepitosa de la gente de las tiendas y de los almacenes.

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