Audiolibro Vida nueva
La señora Manolita, vecina insigne de un pueblo andaluz, había muerto de ochenta y siete años, única enfermedad aceptable para morirse. Fue muy llorada, no sólo porque desaparecía de entre los vivos, sino porque a su paso por este bajo mundo supo dejar quien llorase su muerte: esposo—el señor Rafael, carpintero de oficio, por mal nombre Cuña;—hijos, presentes unos y ausentes otros; nietos, biznietos… y una caterva innumerable de sobrinos, primos, nueras, yernos y demás plaga de la familia.
Tal se la quería en todo el pueblo, donde también dejó huella imborrable de su existencia, merced a dos famosas recetas de su invención, una para curar los sabañones y otra para amasar pestiños; tal se la quería, que aun después del novenario del fallecimiento, el señor Rafael, el afligido Cuña y sus hijos, continuaban recibiendo pruebas inequívocas del afecto de sus amigos y parientes, muchos de los cuales iban casi todas las noches a su casa a darles compañía.

Deja un comentario