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	<title>Economía</title>
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	<title>Economía</title>
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		<title>Un pacto con el diablo</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Apr 2025 21:34:17 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Aunque me di prisa y llegué al cine corriendo, la película había comenzado. En el salón oscuro traté de encontrar [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Aunque me di prisa y llegué al cine corriendo, la película había comenzado. En el salón oscuro traté de encontrar un sitio. Quedé junto a un hombre de aspecto distinguido.</p>
<p>—Perdone usted —le dije—, ¿no podría contarme brevemente lo que ha ocurrido en la pantalla?</p>
<p>—Sí. Daniel Brown, a quien ve usted allí, ha hecho un pacto con el diablo.</p>
<p>—Gracias. Ahora quiero saber las condiciones del pacto: ¿podría explicármelas?</p>
<p>—Con mucho gusto. El diablo se compromete a proporcionar la riqueza a Daniel Brown durante siete años. Naturalmente, a cambio de su alma.</p>
<p>—¿Siete nomás?</p>
<p>—El contrato puede renovarse. No hace mucho, Daniel Brown lo firmó con un poco de sangre.</p>
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		<title>Lo que puede el dinero</title>
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		<pubDate>Mon, 31 Mar 2025 22:12:51 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Hace mucho el dinero, mucho se le ha de amar; Al torpe hace discreto, hombre de respetar, hace correr al [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Hace mucho el dinero, mucho se le ha de amar;<br />
Al torpe hace discreto, hombre de respetar,<br />
hace correr al cojo al mudo le hace hablar;<br />
el que no tiene manos bien lo quiere tomar.</p>
<p>También al hombre necio y rudo labrador<br />
dineros le convierten en hidalgo doctor;<br />
Cuanto más rico es uno, más grande es su valor,<br />
quien no tiene dinero no es de sí señor.</p>
<p>Y si tienes dinero tendrás consolación,<br />
placeres y alegrías y del Papa ración,<br />
comprarás Paraíso, ganarás la salvación:<br />
donde hay mucho dinero hay mucha bendición.</p>
<p>El crea los priores, los obispos, los abades,<br />
arzobispos, doctores, patriarcas, potestades,<br />
a los clérigos necios da muchas dignidades,<br />
de verdad hace mentiras, de mentiras hace verdades.</p>
<p>El hace muchos clérigos y muchos ordenados,<br />
muchos monjes y monjas, religiosos sagrados,<br />
el dinero les da por bien examinados,<br />
a los pobres les dicen que no son ilustrados.</p>
<p>Yo he visto a muchos curas en sus predicaciones,<br />
despreciar el dinero, también sus tentaciones,<br />
pero, al fin, por dinero otorgan los perdones,<br />
absuelven los ayunos y ofrecen oraciones.</p>
<p>Dicen frailes y clérigos que aman a Dios servir,<br />
más si huelen que el rico está para morir,<br />
y oyen que su dinero empieza a retiñir,<br />
por quién ha de cogerlo empiezan a reñir.</p>
<p>En resumen lo digo, entiéndelo mejor,<br />
el dinero es del mundo el gran agitador,<br />
hace señor al siervo y siervo hace al señor,<br />
toda cosa del siglo se hace por su amor.</p>
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		<title>El ganador</title>
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		<dc:creator><![CDATA[adminaudiolibros]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 26 Mar 2025 22:05:15 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Bandidos asaltan la ciudad de Mexcatle y ya dueños del botín de guerra emprenden la retirada. El plan es refugiarse [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Bandidos asaltan la ciudad de Mexcatle y ya dueños del botín de guerra emprenden la retirada. El plan es refugiarse al otro lado de la frontera, pero mientras tanto pasan la noche en una casa en ruinas, abandonada en el camino. A la luz de las velas juegan a los naipes. Cada uno apuesta las prendas que ha saqueado.</p>
<p>Partida tras partida, el azar favorece al Bizco, quien va apilando las ganancias debajo de la mesa: monedas, relojes, alhajas, candelabros&#8230; Temprano por la mañana el Bizco mete lo ganado en una bolsa, la carga sobre los hombros y agobiado bajo ese peso sigue a sus compañeros, que marchan cantando hacia la frontera.</p>
<p>La atraviesan, llegan sanos y salvos a la encrucijada donde han resuelto separarse y allí matan al Bizco. Lo habían dejado ganar para que les transportase el pesado botín.</p>
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		<title>La hucha</title>
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		<dc:creator><![CDATA[adminaudiolibros]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 20 Mar 2025 12:10:40 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[El cuarto de los niños estaba lleno de juguetes. En lo más alto del armario estaba la hucha; era de [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>El cuarto de los niños estaba lleno de juguetes. En lo más alto del armario estaba la hucha; era de arcilla y tenía figura de cerdo, con una rendija en la espalda, naturalmente, rendija que habían agrandado con un cuchillo para que pudiesen introducirse escudos de plata; y contenía ya dos de ellos, amén de muchos chelines. El cerdito-hucha estaba tan lleno, que al agitarlo ya no sonaba, lo cual es lo máximo que a una hucha puede pedirse. Allí se estaba, en lo alto del armario, elevado y digno, mirando altanero todo lo que quedaba por debajo de él; bien sabía que con lo que llevaba en la barriga habría podido comprar todo el resto, y a eso se le llama estar seguro de sí mismo.</p>
<p>Lo mismo pensaban los restantes objetos, aunque se lo callaban; pues no faltaban temas de conversación. El cajón de la cómoda, medio abierto, permitía ver una gran muñeca, más bien vieja y con el cuello remachado. Mirando al exterior, dijo:</p>
<p>-Ahora jugaremos a personas, que siempre es divertido.</p>
<p>-¡El alboroto que se armó! Hasta los cuadros se volvieron de cara a la pared -pues bien sabían que tenían un reverso-, pero no es que tuvieran nada que objetar.</p>
<p>Era medianoche, la luz de la luna entraba por la ventana, iluminando gratis la habitación. Era el momento de empezar el juego; todos fueron invitados, incluso el cochecito de los niños, a pesar de que contaba entre los juguetes más bastos.</p>
<p>-Cada uno tiene su mérito propio -dijo el cochecito-. No todos podemos ser nobles. Alguien tiene que hacer el trabajo, como suele decirse.</p>
<p>El cerdo-hucha fue el único que recibió una invitación escrita; estaba demasiado alto para suponer que oiría la invitación oral. No contestó si pensaba o no acudir, y de hecho no acudió. Si tenía que tomar parte en la fiesta, lo haría desde su propio lugar. Que los demás obraran en consecuencia; y así lo hicieron.</p>
<p>El pequeño teatro de títeres fue colocado de forma que el cerdo lo viera de frente; empezarían con una representación teatral, luego habría un té y debate general; pero comenzaron con el debate; el caballo-columpio habló de ejercicios y de pura sangre, el cochecito lo hizo de trenes y vapores, cosas todas que estaban dentro de sus respectivas especialidades, y de las que podían disertar con conocimiento de causa. El reloj de pared habló de los tiquismiquis de la política. Sabía la hora que había dado la campana, aun cuando alguien afirmaba que nunca andaba bien. El bastón de bambú se hallaba también presente, orgulloso de su virola de latón y de su pomo de plata, pues iba acorazado por los dos extremos. Sobre el sofá yacían dos almohadones bordados, muy monos y con muchos pajarillos en la cabeza. La comedia podía empezar, pues.</p>
<p>Se sentaron todos los espectadores, y se les dijo que podían chasquear, crujir y repiquetear, según les viniera en gana, para mostrar su regocijo. Pero el látigo dijo que él no chasqueaba por los viejos, sino únicamente por los jóvenes y sin compromiso.</p>
<p>-Pues yo lo hago por todos -replicó el petardo.</p>
<p>-Bueno, en un sitio u otro hay que estar -opinó la escupidera.</p>
<p>Tales eran, pues, los pensamientos de cada cual, mientras presenciaba la función. No es que ésta valiera gran cosa, pero los actores actuaban bien, todos volvían el lado pintado hacia los espectadores, pues estaban construidos para mirarlos sólo por aquel lado, y no por el opuesto. Trabajaron estupendamente, siempre en primer plano de la escena; tal vez el hilo resultaba demasiado largo, pero así se veían mejor. La muñeca remachada se emocionó tanto, que se le soltó el remache, y en cuanto al cerdo-hucha, se impresionó también a su manera, por lo que pensó hacer algo en favor de uno de los artistas; decidió acordarse de él en su testamento y disponer que, cuando llegase su hora, fuese enterrado con él en el panteón de la familia.</p>
<p>Se divertían tanto con la comedia, que se renunció al té, contentándose con el debate. Esto es lo que ellos llamaban jugar a «hombres y mujeres», y no había en ello ninguna malicia, pues era sólo un juego. Cada cual pensaba en sí mismo y en lo que debía pensar el cerdo; éste fue el que estuvo cavilando por más tiempo, pues reflexionaba sobre su testamento y su entierro, que, por muy lejano que estuviesen, siempre llegarían demasiado pronto. Y, de repente, ¡cataplum!, se cayó del armario y se hizo mil pedazos en el suelo, mientras los chelines saltaban y bailaban, las piezas menores gruñían, las grandes rodaban por el piso, y un escudo de plata se empeñaba en salir a correr mundo. Y salió, lo mismo que los demás, en tanto que los cascos de la hucha iban a parar a la basura; pero ya al día siguiente había en el armario una nueva hucha, también en figura de cerdo. No tenía aún ni un chelín en la barriga, por lo que no podía matraquear, en lo cual se parecía a su antecesora; todo es comenzar, y con este comienzo pondremos punto final al cuento.</p>
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		<title>El baúl maravilloso</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Mar 2025 20:35:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Vivía en cierta ciudad un comerciante muy rico, tanto que habría podido empapelar una gran habitación con billetes del Banco; [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Vivía en cierta ciudad un comerciante muy rico, tanto que habría podido empapelar una gran habitación con billetes del Banco; pero se guardaba muy bien de hacer semejante tontería, porque sabía emplear mejor sus riquezas. No gastaba un duro como no tuviese seguridad de que había de proporcionarle ganar otro. Era un trabajador infatigable, y calculaba muy bien antes de meterse en una empresa; por desgracia la muerte le sorprendió en medio de sus hábiles combinaciones.</p>
<p>Su hijo heredó toda su fortuna, y en vez de emplearla bien, se dió una vida alegre: jugaba; iba todas las noches á los bailes de máscaras; se entretenía en hacer pajaritas de papel con billetes de Banco, y para echárselas de rumboso tiraba al agua monedas de oro, de igual modo que otros tiran piedras para ver las ondulaciones del líquido.</p>
<p>Además prestaba á sus amigos gruesas sumas. De esta manera, no hay que extrañarlo, dió en breve al traste con sus tesoros, y llegó á no tener por toda fortuna más que cuatro pesetas y por guardaropa un par de zapatillas y una bata vieja.</p>
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		<title>El gallito de cresta de oro</title>
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		<dc:creator><![CDATA[adminaudiolibros]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 04 Mar 2025 22:19:39 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Un viejo matrimonio era tan pobre que con gran frecuencia no tenía ni un mendrugo de pan que llevarse a [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Un viejo matrimonio era tan pobre que con gran frecuencia no tenía ni un mendrugo de pan que llevarse a la boca.</p>
<p>Un día se fueron al bosque a recoger bellotas y traerlas a casa para tener con qué satisfacer su hambre.</p>
<p>Mientras comían, a la anciana se le cayó una bellota a la cueva de la cabaña; la bellota germinó y poco tiempo después asomaba una ramita por entre las tablas del suelo. La mujer lo notó y dijo a su marido:</p>
<p>-Oye, es menester que quites una tabla del piso para que la encina pueda seguir creciendo y, cuando sea grande, tengamos bellotas en casa sin necesidad de ir a buscarlas al bosque.</p>
<p>El anciano hizo un agujero en las tablas del suelo y el árbol siguió creciendo rápidamente hasta que llegó al techo. Entonces el viejo quitó el tejado y la encina siguió creciendo, creciendo, hasta que llegó al mismísimo cielo.</p>
<p>Habiéndose acabado las bellotas que habían traído del bosque, el anciano cogió un saco y empezó a subir por la encina; tanto subió, que al fin se encontró en el cielo. Llevaba ya un rato paseándose por allí cuando percibió un gallito de cresta de oro, al lado del cual se hallaban unas pequeñas muelas1 de molino.</p>
<p>Sin pararse a pensar más, el anciano cogió el gallo y las muelas y bajó por la encina a su cabaña. Una vez allí, dijo a su mujer:</p>
<p>-¡Oye, mi vieja! ¿Qué podríamos comer?</p>
<p>-Espera -le contestó ésta-; voy a ver cómo trabajan estas muelas.</p>
<p>Las cogió y se puso a hacer como que molía, y en el acto empezaron a salir flanes y pasteles en tal abundancia que no tenía tiempo de recogerlos. Los ancianos se pusieron muy contentos, y cenaron suculentamente.</p>
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