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		<title>Tarde de otoño</title>
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		<pubDate>Tue, 11 Mar 2025 22:44:28 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Enrique acabó de tomar el café, pagó al mozo y salió de Fornos. Señalaba las cinco y cuarto el reloj de la Equitativa, cuya elegante cupulilla destacábase airosa sobre el azul del cielo.</p>
<p>Enrique, por rara casualidad, no tenia aquella tarde que asistir a la oficina de la Compañía en que estaba empleado, donde pasaba los días enteros trabajando en planos de ingeniería. Al verse libre suspiró con placer el aire puro de aquell a tarde espléndida, una de esas hermosas y apacibles tardes que se disfrutan en Madrid los días de otoño, en que el cielo sereno y limpio semeja inmenso dosel de purísimo azul, que cobija la ciudad, y en que un aire suave refresca el ambiente.</p>
<p>Como era muy aficionado a dar largos paseos, quiso aprovecharla dando alguno, y dirigióse hacia el Retiro.</p>
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		<title>Los dos pañuelos</title>
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		<pubDate>Tue, 11 Mar 2025 22:37:24 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[El conde de Montesol penetró con su hija lsabela en el antepalco. Despojáronse de sus fastuosos abrigos de pieles que, [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>El conde de Montesol penetró con su hija lsabela en el antepalco. Despojáronse de sus fastuosos abrigos de pieles que, al quedar colgados de las doradas perchas, semejaban en la penumbra fieras quiméricas, guardadoras de la pequeña entrada, y aparecieron en la platea, en la que tomaron asiento el uno frente al otro.</p>
<p>La condesita, con femenil coquetería, se arregló los rizos de su cabellera dorada, y descansó luego su enguantado brazo en el purpúreo antepecho, que parecía una gigantesca serpiente roja tendida al borde de los palcos.</p>
<p>El acto primero de la comedia que representaban terminó, y, a los pocos momentos, llenóse el estrecho pasillo de las butacas, de esos jóvenes pretenciosos, correctamente vestidos, que acuden a los teatros elegantes los días de moda. Conjunto de caras inexpresivas, altos cuellos acartonados, cabelleras planchadas, impecables pecheras, y trajes negros de etiqueta, copiados fidelísimamente del último figurín inglés.</p>
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		<title>Lo indescriptible</title>
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		<pubDate>Tue, 11 Mar 2025 22:29:54 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Ajeno a la hermosura de la mañana espléndida, insensible a la belleza de un cielo azul diáfano y resplandeciente, sin [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Ajeno a la hermosura de la mañana espléndida, insensible a la belleza de un cielo azul diáfano y resplandeciente, sin reparar siquiera en las lindas mujeres que, luciendo claros trajes primaverales, pasaban a su lado dejando tras sí estela de elegancia y juventud, Federico Arlanza, caminaba presuroso por el ancho andén del paseo de Recoletos hacia la Biblioteca Nacional.</p>
<p>Tan abstraído iba en sus meditaciones, que no paraba mientes en las infantiles protestas que su paso atropellador levantaba entre los grupos de juguetones pequeñuelos, cuando distraído pisaba una pelota o tropezando en su camino con algún aro, lo hacía variar de dirección. Menos reparó aún en el gesto fosco y malhumorado de una bella jovencita a quien, en su apresuramiento, empujó involuntario, haciéndola perder la airosa apostura, en que arqueados en alto los brazos sostenedores de los palillos que atirantaban el fuerte bramante, esperaba recoger el volador carrete del diávolo lanzado al espacio con ágil y violento impulso .</p>
<p>Los trenes lujosos que rodaban ligeros por el asfalto del paseo central, parecían no existir para él, como tampoco los automóviles, que con el continuo tocar de sus bocinas, de son estridente o quejumbroso, como rugido de herida fiera, procuraban fatuos atraer las miradas de los paseantes hacia las problemáticas bellezas que en ellos cruzaban veloces, balanceando sus cuerpos a impulsos del raudo movimiento, envueltas las cabezas por nubes de claros, sedosos y flotantes velos.</p>
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		<title>La solterona</title>
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		<pubDate>Tue, 11 Mar 2025 22:21:51 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Apoyada de brazos en el balcón, la solterona doña Teodolinda, contemplaba el pequeño jardín que se extendía ante su hotel. [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Apoyada de brazos en el balcón, la solterona doña Teodolinda, contemplaba el pequeño jardín que se extendía ante su hotel.</p>
<p>A la luz débil de aquel atardecer otoñal, las siluetas de los árboles destacaban en el fondo de un empalidecido cielo. A veces, bruscas ráfagas de viento movían las ramas haciendo desprenderse las hojas, ya marchitas, que caían revoloteando como obscuras mariposas, yendo a posarse entre las hirsutas ramas de los arbustos del jardín&#8230; Y así como los pájaros, presintiendo la noche cercana, acudían a refugiarse en las espesuras del boscaje, en aquella hora silenciosa y nostálgica del crepúsculo, acudieron a la mente de la solterona sombríos pensamientos, sumiendo su siempre alegre y sereno espíritu en el lago profundo de la melancolía.</p>
<p>Y contemplando como al caer de las hojas, perdían los árboles la belleza lozana que allá en los tiempos primaverales lucieran, pensó con tristeza infinita en su, poco a poco, perdida hermosura; y en sus tiempos de esplendor, de alegrías, de amorosas ilusiones, ¡de juventud! &#8230; Y resucitando en su mente el ya lejano ayer, recordaba los paternales cuidados; los deseos cumplidos; los admiradores galantes; los apasionados celosos de cuantos rendían homenaje a sus gracias. Y al rememorar el dichoso pasado, lamentábase de la soledad en que, voluntariamente, habíase recluido; y un lúgubre y cruel pensamiento la atormentaba.</p>
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		<title>El beso</title>
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		<pubDate>Tue, 11 Mar 2025 22:14:25 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Cerca de un castillo gótico y en el ángulo de fértil valle que a sus pies se extiende, espejean las [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Cerca de un castillo gótico y en el ángulo de fértil valle que a sus pies se extiende, espejean las aguas de un lago azul, que resalta entre la verdosa florescencia como un claro zafiro.</p>
<p>La tranquila serenidad de sus aguas es sólo turbada por la estela de un esquife, en el que va la enamorada y pálida princesa Nirma . Sus ojos son azules como las ondas del lago; su traje es del suave matiz del jacinto, y sus cabellos rubios, partidos en dos trenzas, cáenle sobre los hombros como labradas cintas de oro.</p>
<p>Absorta va leyendo un libro, que le descansa en las rodillas, mientras el anciano barquero de la pequeña nave hunde rítmicamente los remos en las azuladas linfas, y la capa cristalina de que vienen cubiertos al salir de nuevo a la luz, despréndese a lo largo de ellos como diamantes desgranados de un collar.</p>
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