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		<title>Una mujer amaestrada</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Apr 2025 21:44:10 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Hoy me detuve a contemplar este curioso espectáculo: en una plaza de las afueras, un saltimbanqui polvoriento exhibía una mujer [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy me detuve a contemplar este curioso espectáculo: en una plaza de las afueras, un saltimbanqui polvoriento exhibía una mujer amaestrada. Aunque la función se daba a ras del suelo y en plena calle, el hombre concedía la mayor importancia al círculo de tiza previamente trazado, según él, con permiso de las autoridades.</p>
<p>Una y otra vez hizo retroceder a los espectadores que rebasaban los límites de esa pista improvisada. La cadena que iba de su mano izquierda al cuello de la mujer, no pasaba de ser un símbolo, ya que el menor esfuerzo habría bastado para romperla.</p>
<p>Mucho más impresionante resultaba el látigo de seda floja que el saltimbanqui sacudía por los aires, orgulloso, pero sin lograr un chasquido.</p>
<p>Un pequeño monstruo de edad indefinida completaba el elenco. Golpeando su tamboril daba fondo musical a los actos de la mujer, que se reducían a caminar en posición erecta, a salvar algunos obstáculos de papel y a resolver cuestiones de aritmética elemental. Cada vez que una moneda rodaba por el suelo, había un breve paréntesis teatral a cargo del público. «¡Besos!», ordenaba el saltimbanqui. «No. A ése no. Al caballero que arrojó la moneda.»</p>
<p>La mujer no acertaba, y una media docena de individuos se dejaba besar, con los pelos de punta, entre risas y aplausos. Un guardia se acercó diciendo que aquello estaba prohibido. El domador le tendió un papel mugriento con sellos oficiales, y el policía se fue malhumorado, encogiéndose de hombros.</p>
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		<title>Un pacto con el diablo</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Apr 2025 21:34:17 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Aunque me di prisa y llegué al cine corriendo, la película había comenzado. En el salón oscuro traté de encontrar [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Aunque me di prisa y llegué al cine corriendo, la película había comenzado. En el salón oscuro traté de encontrar un sitio. Quedé junto a un hombre de aspecto distinguido.</p>
<p>—Perdone usted —le dije—, ¿no podría contarme brevemente lo que ha ocurrido en la pantalla?</p>
<p>—Sí. Daniel Brown, a quien ve usted allí, ha hecho un pacto con el diablo.</p>
<p>—Gracias. Ahora quiero saber las condiciones del pacto: ¿podría explicármelas?</p>
<p>—Con mucho gusto. El diablo se compromete a proporcionar la riqueza a Daniel Brown durante siete años. Naturalmente, a cambio de su alma.</p>
<p>—¿Siete nomás?</p>
<p>—El contrato puede renovarse. No hace mucho, Daniel Brown lo firmó con un poco de sangre.</p>
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		<title>Teoría de Dulcinea</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Apr 2025 21:28:42 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[En un lugar solitario cuyo nombre no viene al caso hubo un hombre que se pasó la vida eludiendo a [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>En un lugar solitario cuyo nombre no viene al caso hubo un hombre que se pasó la vida eludiendo a la mujer concreta. Prefirió el goce manual de la lectura, y se congratulaba eficazmente cada vez que un caballero andante embestía a fondo uno de esos vagos fantasmas femeninos, hechos de virtudes y faldas superpuestas, que aguardan al héroe después de cuatrocientas páginas de hazañas, embustes y despropósitos.</p>
<p>En el umbral de la vejez, una mujer de carne y hueso puso sitio al anacoreta en su cueva. Con cualquier pretexto entraba al aposento y lo invadía con un fuerte aroma de sudor y de lana, de joven mujer campesina recalentada por el sol.</p>
<p>El caballero perdió la cabeza, pero lejos de atrapar a la que tenía enfrente, se echó en pos a través de páginas y páginas, de un pomposo engendro de fantasía. Caminó muchas leguas, alanceó corderos y molinos, desbarbó unas cuantas encinas y dio tres o cuatro zapatetas en el aire.</p>
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		<title>Parábola del trueque</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Apr 2025 21:17:14 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Al grito de «¡Cambio esposas viejas por nuevas!» el mercader recorrió las calles del pueblo arrastrando su convoy de pintados [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Al grito de «¡Cambio esposas viejas por nuevas!» el mercader recorrió las calles del pueblo arrastrando su convoy de pintados carromatos.</p>
<p>Las transacciones fueron muy rápidas, a base de unos precios inexorablemente fijos. Los interesados recibieron pruebas de calidad y certificados de garantía, pero nadie pudo escoger. Las mujeres, según el comerciante, eran de veinticuatro quilates. Todas rubias y todas circasianas. Y más que rubias, doradas como candeleros.</p>
<p>Al ver la adquisición de su vecino, los hombres corrían desaforados en pos del traficante. Muchos quedaron arruinados. Sólo un recién casado pudo hacer cambio a la par. Su esposa estaba flamante y no desmerecía ante ninguna de las extranjeras. Pero no era tan rubia como ellas.</p>
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		<title>Monólogo del insumiso</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Apr 2025 21:11:42 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Poseí a la huérfana la noche misma en que velábamos a su padre a la luz parpadeante de los cirios. [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Poseí a la huérfana la noche misma en que velábamos a su padre a la luz parpadeante de los cirios. (¡Oh, si pudiera decir esto mismo con otras palabras!)</p>
<p>Como todo se sabe en este mundo, la cosa llegó a oídos del viejecillo que mira nuestro siglo a través de sus maliciosos quevedos. Me refiero a ese anciano señor que preside las letras mexicanas tocado con el gorro de dormir de los memorialistas, y que me vapuleó en plena calle con su enfurecido bastón, ante la ineficacia de la policía ciudadana. Recibí también una corrosiva lluvia de injurias proferidas con voz aguda y furiosa. Y todo gracias a que el incorrecto patriarca ¡el diablo se lo lleve! estaba enamorado de la dulce muchacha que desde ahora me aborrece.</p>
<p>¡Ay de mí! Ya me aborrece hasta la lavandera, a pesar de nuestros cándidos y dilatados amores. Y la bella confidente, a quien el decir popular señala como mi Dulcinea, no quiso oír ya las quejas del corazón doliente de su poeta. Creo que me desprecian hasta los perros.</p>
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		<title>La mígala</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Apr 2025 21:04:40 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[La mígala(*) discurre libremente por la casa, pero mi capacidad de horror no disminuye. El día en que Beatriz y [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>La mígala(*) discurre libremente por la casa, pero mi capacidad de horror no disminuye.</p>
<p>El día en que Beatriz y yo entramos en aquella barraca inmunda de la feria callejera, me di cuenta de que la repulsiva alimaña era lo más atroz que podía depararme el destino. Peor que el desprecio y la conmiseración brillando de pronto en una clara mirada.</p>
<p>Unos días más tarde volví para comprar la mígala, y el sorprendido saltimbanqui me dio algunos informes acerca de sus costumbres y su alimentación extraña. Entonces comprendí que tenía en las manos, de una vez por todas, la amenaza total, la máxima dosis de terror que mi espíritu podía soportar. Recuerdo mi paso tembloroso, vacilante, cuando de regreso a la casa sentía el peso leve y denso de la araña, ese peso del cual podía descontar, con seguridad, el de la caja de madera en que la llevaba, como si fueran dos pesos totalmente diferentes: el de la madera inocente y el del impuro y ponzoñoso animal que tiraba de mí como un lastre definitivo. Dentro de aquella caja iba el infierno personal que instalaría en mi casa para destruir, para anular al otro, el descomunal infierno de los hombres.</p>
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		<title>Eva</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Apr 2025 20:57:04 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Él la perseguía a través de la biblioteca entre mesas, sillas y facistoles. Ella se escapaba hablando de los derechos [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Él la perseguía a través de la biblioteca entre mesas, sillas y facistoles. Ella se escapaba hablando de los derechos de la mujer, infinitamente violados. Cinco mil años absurdos los separaban. Durante cinco mil años ella había sido inexorablemente vejada, postergada, reducida a la esclavitud. Él trataba de justificarse por medio de una rápida y fragmentaria alabanza personal, dicha con frases entrecortadas y trémulos ademanes.</p>
<p>En vano buscaba él los textos que podían dar apoyo a sus teorías. La biblioteca, especializada en literatura española de los siglos XVI y XVII, era un dilatado arsenal enemigo, que glosaba el concepto del honor y algunas atrocidades por el estilo.</p>
<p>El joven citaba infatigablemente a J. J. Bachofen, el sabio que todas las mujeres debían leer, porque les ha devuelto la grandeza de su papel en la prehistoria. Si sus libros hubieran estado a mano, él habría puesto a la muchacha ante el cuadro de aquella civilización oscura, regida por la mujer cuando la tierra tenía en todas partes una recóndita humedad de entraña y el hombre trataba de alzarse de ella en palafitos.</p>
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		<title>El guardagujas</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Apr 2025 20:51:07 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[El forastero llegó sin aliento a la estación desierta. Su gran valija, que nadie quiso cargar, le había fatigado en [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>El forastero llegó sin aliento a la estación desierta. Su gran valija, que nadie quiso cargar, le había fatigado en extremo. Se enjugó el rostro con un pañuelo, y con la mano en visera miró los rieles que se perdían en el horizonte. Desalentado y pensativo consultó su reloj: la hora justa en que el tren debía partir.</p>
<p>Alguien, salido de quién sabe dónde, le dio una palmada muy suave. Al volverse el forastero se halló ante un viejecillo de vago aspecto ferrocarrilero. Llevaba en la mano una linterna roja, pero tan pequeña, que parecía de juguete. Miró sonriendo al viajero, que le preguntó con ansiedad:</p>
<p>-Usted perdone, ¿ha salido ya el tren?</p>
<p>-¿Lleva usted poco tiempo en este país?</p>
<p>-Necesito salir inmediatamente. Debo hallarme en T. mañana mismo.</p>
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		<title>El encuentro</title>
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		<pubDate>Wed, 09 Apr 2025 20:45:04 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Dos puntos que se atraen no tienen por qué elegir forzosamente la recta. Claro que es el procedimiento más corto. [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Dos puntos que se atraen no tienen por qué elegir forzosamente la recta. Claro que es el procedimiento más corto. Pero hay quienes prefieren el infinito.</p>
<p>Las gentes caen unas en brazos de otras sin detallar la aventura. Cuando mucho avanzan en zigzag. Pero una vez en la meta corrigen la desviación y se acoplan. Tan brusco amor es un choque, y los que así se afrontaron son devueltos al punto de partida por un efecto de culata. Demasiados proyectiles, su camino al revés los incrusta de nuevo, repasando el cañón, en un cartucho sin pólvora.</p>
<p>De vez en cuando, una pareja se aparta de esta regla invariable. Su propósito es francamente lineal, y no carece de rectitud. Misteriosamente, optan por el laberinto. No pueden vivir separados. Ésta es su única certeza y van a perderla buscándose. Cuando uno de ellos comete un error y provoca el encuentro, el otro finge no darse cuenta y pasa sin saludar.</p>
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