Una mujer amaestrada
Hoy me detuve a contemplar este curioso espectáculo: en una plaza de las afueras, un saltimbanqui polvoriento exhibía una mujer […]
Hoy me detuve a contemplar este curioso espectáculo: en una plaza de las afueras, un saltimbanqui polvoriento exhibía una mujer […]
Aunque me di prisa y llegué al cine corriendo, la película había comenzado. En el salón oscuro traté de encontrar
En un lugar solitario cuyo nombre no viene al caso hubo un hombre que se pasó la vida eludiendo a
Al grito de «¡Cambio esposas viejas por nuevas!» el mercader recorrió las calles del pueblo arrastrando su convoy de pintados
Poseí a la huérfana la noche misma en que velábamos a su padre a la luz parpadeante de los cirios.
La mígala(*) discurre libremente por la casa, pero mi capacidad de horror no disminuye. El día en que Beatriz y
Él la perseguía a través de la biblioteca entre mesas, sillas y facistoles. Ella se escapaba hablando de los derechos
El forastero llegó sin aliento a la estación desierta. Su gran valija, que nadie quiso cargar, le había fatigado en
Dos puntos que se atraen no tienen por qué elegir forzosamente la recta. Claro que es el procedimiento más corto.