Muerte, no seas mujer
Estás dormida a dos metros de mí. En lugar de escribir me pongo a mirarte. ¡No hay nada que decir! […]
Estás dormida a dos metros de mí. En lugar de escribir me pongo a mirarte. ¡No hay nada que decir! […]
La felicidad me dejaba siempre solo. Después del amor miro el cielo raso que es el cielo de los amantes: