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		<title>El viento</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Apr 2025 19:50:31 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[El viento despertó aterido en la cima de la montaña más alta de la tierra, siempre cubierta de nieve. Su [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>El viento despertó aterido en la cima de la montaña más alta de la tierra, siempre cubierta de nieve. Su desperezar fue terrible, pues pareció que la cordillera temblaba, y la nieve comenzó a rodar por las laderas, arrastrando cuanto encontraba a su paso. Luego el viento se agitó y rugió.</p>
<p>-¡Tengo frío!</p>
<p>Huyó del monte, dando saltos tan grandes como no los ha dado el animal más ligero. Los árboles más añosos se inclinaban a su paso. El viento no hacía más que tocarles y se doblaban. Al llegar a los valles sintió ya el calor de la carrera y continuó rugiendo y saltando. Otra montaña le cerró el paso, y después de haberla azotado como si quisiera derribarla, subió a sus picachos desgajando árboles y derrumbando rocas y saltó al lado opuesto. Allí estaba el mar.</p>
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		<title>La conciencia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[adminaudiolibros]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 18 Apr 2025 19:44:57 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[En aquellos tiempos en que los guerreros iban completamente vestidos de hierro, vivía un hombre muy poderoso, pero muy malo, [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>En aquellos tiempos en que los guerreros iban completamente vestidos de hierro, vivía un hombre muy poderoso, pero muy malo, tanto que cuando se pronunciaba su nombre, sus infelices vasallos se santiguaban y decían:</p>
<p>-¡Dios y la Virgen nos libren de él!</p>
<p>Pero lo decían en voz muy baja y hacían la señal de la cruz cuando nadie les veía, por temor de que alguien fuese a aquel hombre y le dijera:</p>
<p>-Señor; aquél ha hablado mal de ti.</p>
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		<title>Los rosales</title>
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		<dc:creator><![CDATA[adminaudiolibros]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 18 Apr 2025 19:40:08 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[—Págame el servicio contándome lo que sepas. —Con mucho gusto. Ayer cerraron las ventanas antes que pudiera salir y me [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>—Págame el servicio contándome lo que sepas.</p>
<p>—Con mucho gusto. Ayer cerraron las ventanas antes que pudiera salir y me vi obligada a pasar la noche en el cuarto de Bartolomé Esteban.</p>
<p>—¿El niño que vive con sus padres en esta casita?</p>
<p>—El mismo.</p>
<p>—¿Qué hizo?</p>
<p>—Se acostó muy temprano y se durmió.</p>
<p>—¡Vaya unas noticias las que me das! exclamó la rosa.</p>
<p>—Al desnudarse se le cayeron algunas lagrimitas.</p>
<p>—¿Por qué lloraba?</p>
<p>—Francisco, el niño que vive en la casa inmediata, se estuvo burlando toda la tarde de él porque sus vestidos no son tan lujosos como los suyos. ¿Puedo beber?</p>
<p>—Sí, le contestó la rosa.</p>
<p>Una vez hubo saciado su sed, la mosca levantó el vuelo; y después de haber ido y venido, vuelto y revuelto, vio a Francisco asomado a la ventana y le picó en la oreja. El niño diose un fuerte golpe por coger la mosca, pero sólo logró pegarse un cachete, pues aquélla escapó diciéndose:</p>
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		<title>La hiedra</title>
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		<dc:creator><![CDATA[adminaudiolibros]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 18 Apr 2025 19:35:52 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Otra vez fuese Rafaelito a casa de Josefina, una mujer de muy mal genio, y deteniéndose al pie de la [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Otra vez fuese Rafaelito a casa de Josefina, una mujer de muy mal genio, y deteniéndose al pie de la escalera para que la mujer, que estaba en la cocina, no pudiese verle, gritó fingiendo la voz:</p>
<p>—Señora Josefina.</p>
<p>—¿Quién és?</p>
<p>—Soy el aprendiz del droguero, y me ha dicho mi amo que cuándo le paga V. aquella libra de azúcar que le tomó V. al fiado.</p>
<p>—Nada le debo, chilló Josefina.</p>
<p>—Ya me ha prevenido que contestaría V. esto; pero me ha ordenado le diga que si no le da V. los cuartos, mandará el alguacil.</p>
<p>—¡Desvergonzado! ¡Con alguaciles a mí… !</p>
<p>No oyó Rafaelito el resto de las exclamaciones, porque echó a correr. Y Josefina, que estaba en muy malas relaciones con la mujer del droguero, porque un día ésta había dicho si aquélla era fea, fuese a la tienda hecha un basilisco y armose la gorda entre el marido y la mujer y la vecina, con gran contentamiento de Rafaelito, que presenciaba la escena desde la calle, y con suma indignación del droguero, que no sabía de qué le hablaba la señora Josefina.</p>
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		<title>Las castañas</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Apr 2025 22:56:33 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[La familia de Juan Honrado estaba reunida alrededor del hogar donde se levantaba una hermosa llama y chisporroteaban, gimiendo antes [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>La familia de Juan Honrado estaba reunida alrededor del hogar donde se levantaba una hermosa llama y chisporroteaban, gimiendo antes al soltar los restos de savia, gruesos tizones que en abundancia proporcionaba el bosque. Juan era hombre de cincuenta años, fornido y robusto, que se dedicaba al cultivo de la tierra y a la felicidad de su familia, compuesta de su esposa, de nombre Concepción; de Perico, hermoso niño de doce años, y de Pablito, no menos bello, que contaba diez.</p>
<p>Después de cenar en paz y gracia de Dios, habían rezado el rosario y luego comido unas cuantas castañas que se asaban en el rescoldo, alegrando a los niños su ¡pim! ¡pum! con que anunciaban que pronto estarían a punto, al mismo tiempo que hacían saltar la ceniza que las cubría, no sin que a veces molestara a Chelín, perro de caza que dormitaba apoyado el hocico en ambas patas, quien, en este caso, se limitaba a levantar una para sacudirse la ceniza de las narices, al mismo tiempo que abría un ojo para enterarse de lo que pasaba, volviendo a quedar a los pocos momentos cerrados los dos y él dormido.</p>
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		<title>Las cerezas</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Apr 2025 22:35:05 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Juanito tenía diez años; unos ojos grandes como manzanas y negros como moras y labios semejantes a su fruta favorita, [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Juanito tenía diez años; unos ojos grandes como manzanas y negros como moras y labios semejantes a su fruta favorita, las cerezas. Era aficionado a ellas con locura, y con ser tantas las que pesaban en las ramas de un cerezo que había delante de su casa, llevaba la cuenta de ellas, comiéndose todos los días las que estaban más maduras, no sin que algunas veces, por falta de medida en el comer, que todo la requiere en este mundo, y por pecar de goloso, que es cosa fea como todo pecado, hallaba en éste la penitencia y lo purgaba con indigestiones.</p>
<p>Cuando estaba en cama y a dieta, hacía formal propósito de enmienda, que duraba tanto como la indisposición, pues no tenía fuerza de voluntad bastante para abstenerse de lo que no le convenía.</p>
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		<title>La perla</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Apr 2025 22:23:16 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[-Con fe y perseverancia, todo se alcanza. Así decía un padre a sus hijos, hace de esto muchos años, tantos, [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>-Con fe y perseverancia, todo se alcanza.</p>
<p>Así decía un padre a sus hijos, hace de esto muchos años, tantos, que forman siglos; pero con ser tantos, lo dicho por aquel hombre, que por más señas era cardador de lana, ha llegado hasta nosotros, porque le escuchó un pajarito; éste se lo contó a sus hijos, y a los descendientes de éstos lo oímos narrar ha poco en el campo. Estaban ocultos varios pájaros entre las ramas de un plátano, en el que se habían refugiado porque el calor era extremado.</p>
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		<title>El mosquito</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Apr 2025 22:17:41 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[En un país donde nunca hacía frío ni jamás era excesivo el calor, siendo constante la primavera, reinaba un príncipe [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>En un país donde nunca hacía frío ni jamás era excesivo el calor, siendo constante la primavera, reinaba un príncipe muy bueno, que por serlo era amado de su pueblo.</p>
<p>Tuvo este príncipe un hijo, y al saberse la noticia tocaron las campanas de todas las aldeas, la gente se puso los vestidos domingueros, se adornaron los balcones con tapices y damascos y los más pobres colgaron los cubre-camas menos deteriorados, ya que no tenían cosa mejor con que demostrar su alegría; y si por la noche no hubo iluminaciones, debiose a que entonces no se violentaban las leyes de la naturaleza y se dedicaba la noche al descanso y el día al trabajo, con lo cual era perfecta la salud de todos, tanto que era cosa rara morir de enfermedad, pues allí se moría de vejez.</p>
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		<title>La muñeca</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Apr 2025 22:03:09 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Enriqueta estaba loca de contento pues había llegado el instante, para ella tan deseado, de ir a la quinta de [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Enriqueta estaba loca de contento pues había llegado el instante, para ella tan deseado, de ir a la quinta de los Rosales, situada en una preciosa campiña que tenía por perspectiva verdes montañas y a corta distancia un riachuelo que se deslizaba dulce y tranquilamente sobre un lecho de rocas, debajo de las cuales se guarecían algunos peces, muy poco amables por cierto, pues no se dejaban ver por Enriqueta y se ocultaban en cuanto la morenita cara de la niña se reflejaba en las aguas.</p>
<p>Gustaba mucho de las flores, de los árboles, de correr y jugar por el verde prado tachonado de amapolas. La niña gozaba en el campo y respiraba con fruición el aire embalsamado. Llena de júbilo subió al carruaje, tomando asiento al lado de sus padres; cuando divisó la quinta lanzó gritos de alegría; y apenas hubo puesto los pies en el suelo, hubiera comenzado a saltar si su mamá no la hubiese obligado a estarse quieta para descansar de las fatigas del viaje.</p>
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