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		<title>Un gracioso</title>
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		<dc:creator><![CDATA[adminaudiolibros]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 19 Apr 2025 23:27:31 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Era la explosión del año nuevo: caos de barro y nieve, atravesado por mil carruajes, centelleante de juguetes y de [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Era la explosión del año nuevo: caos de barro y nieve, atravesado por mil carruajes, centelleante de juguetes y de bombones, hormigueante de codicia y desesperación; delirio oficial de una ciudad grande, hecho para perturbar el cerebro del solitario más fuerte.</p>
<p>Entre todo aquel barullo y estruendo trotaba un asno vivamente, arreado por un tipejo que empuñaba el látigo.</p>
<p>Cuando el burro iba a volver la esquina de una acera, un señorito enguantado, charolado, cruelmente acorbatado y aprisionado en un traje nuevo, se inclinó, ceremonioso, ante el humilde animal, y le dijo, quitándose el sombrero: «¡Se lo deseo bueno y feliz!» Volviose después con aire fatuo no sé a qué camaradas suyos, como para rogarles que añadieran aprobación a su contento.</p>
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		<title>El yo pecador del artista</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Apr 2025 21:26:49 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[¡Cuán penetrante es el final del día en otoño! ¡Ay! ¡Penetrante hasta el dolor! Pues hay en él ciertas sensaciones [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>¡Cuán penetrante es el final del día en otoño! ¡Ay! ¡Penetrante hasta el dolor! Pues hay en él ciertas sensaciones deliciosas, no por vagas menos intensas; y no hay punta más acerada que la de lo infinito.</p>
<p>¡Delicia grande la de ahogar la mirada en lo inmenso del cielo y del mar! ¡Soledad, silencio, castidad incomparable de lo cerúleo! Una vela chica, temblorosa en el horizonte, imitadora, en su pequeñez y aislamiento, de mi existencia irremediable, melodía monótona de la marejada, todo eso que piensa por mí, o yo por ello -ya que en la grandeza de la divagación el yo presto se pierde-; piensa, digo, pero musical y pintorescamente, sin argucias, sin silogismos, sin deducciones.</p>
<p>Tales pensamientos, no obstante, ya salgan de mí, ya surjan de las cosas, presto cobran demasiada intensidad. La energía en el placer crea malestar y sufrimiento positivo. Mis nervios, harto tirantes, no dan más que vibraciones chillonas, dolorosas.</p>
<p>Y ahora la profundidad del cielo me consterna; me exaspera su limpidez. La insensibilidad del mar, lo inmutable del espectáculo me subleva&#8230; ¡Ay! ¿Es fuerza eternamente sufrir, o huir de lo bello eternamente? ¡Naturaleza encantadora, despiadada, rival siempre victoriosa, déjame! ¡No tientes más a mis deseos y a mi orgullo! El estudio de la belleza es un duelo en que el artista da gritos de terror antes de caer vencido.</p>
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		<title>La desesperación de la vieja</title>
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		<dc:creator><![CDATA[adminaudiolibros]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 18 Apr 2025 21:12:56 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[La viejecilla arrugada sentíase llena de regocijo al ver a la linda criatura festejada por todos, a quien todos querían [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>La viejecilla arrugada sentíase llena de regocijo al ver a la linda criatura festejada por todos, a quien todos querían agradar; aquel lindo ser tan frágil como ella, viejecita, y como ella también sin dientes ni cabellos.</p>
<p>Y se le acercó para hacerle fiestas y gestos agradables.</p>
<p>Pero el niño, espantado, forcejeaba al acariciarlo la pobre mujer decrépita, llenando la casa con sus aullidos.</p>
<p>Entonces la viejecilla se retiró a su soledad eterna, y lloraba en un rincón, diciendo: «¡Ay! Ya pasó para nosotras, hembras viejas, desventuradas, el tiempo de agradar aun a los inocentes; ¡y hasta causamos horror a los niños pequeños cuando vamos a darles cariño!»</p>
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		<title>El extranjero</title>
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		<dc:creator><![CDATA[adminaudiolibros]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 18 Apr 2025 21:04:53 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[-¿A quién quieres más, hombre enigmático, dime, a tu padre, a tu madre, a tu hermana o a tu hermano? [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>-¿A quién quieres más, hombre enigmático, dime, a tu padre, a tu madre, a tu hermana o a tu hermano?</p>
<p>-Ni padre, ni madre, ni hermana, ni hermano tengo.</p>
<p>-¿A tus amigos?</p>
<p>-Empleáis una palabra cuyo sentido, hasta hoy, no he llegado a conocer.</p>
<p>-¿A tu patria?</p>
<p>-Ignoro en qué latitud está situada.</p>
<p>-¿A la belleza?</p>
<p>-Bien la querría, ya que es diosa e inmortal.</p>
<p>-¿Al oro?</p>
<p>-Lo aborrezco lo mismo que aborrecéis vosotros a Dios.</p>
<p>-Pues ¿a quién quieres, extraordinario extranjero?</p>
<p>-Quiero a las nubes…, a las nubes que pasan… por allá…. ¡a las nubes maravillosas!</p>
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		<title>El cometa</title>
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		<dc:creator><![CDATA[adminaudiolibros]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 19 Mar 2025 20:39:33 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Y vino el cometa: brilló con su núcleo de fuego, y amenazó con la cola. Lo vieron desde el rico [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Y vino el cometa: brilló con su núcleo de fuego, y amenazó con la cola. Lo vieron desde el rico palacio y desde la pobre buhardilla; lo vio el gentío que hormiguea en la calle, y el viajero que cruza llanos desiertos y solitarios; y a cada uno inspiraba pensamientos distintos.</p>
<p>-¡Salgan a ver el signo del cielo! ¡Salgan a contemplar este bellísimo espectáculo! -exclamaba la gente; y todo el mundo se apresuraba, afanoso de verlo.</p>
<p>Pero en un cuartucho, una mujer trabajaba junto a su hijito. La vela de sebo ardía mal, chisporroteando, y la mujer creyó ver una viruta en la bujía; el sebo formaba una punta y se curvaba, y aquello, creía la mujer, significaba que su hijito no tardaría en morir, pues la punta se volvía contra él.</p>
<p>Era una vieja superstición, pero la mujer la creía.</p>
<p>Y justamente aquel niño estaba destinado a vivir muchos años sobre la Tierra, y a ver aquel mismo cometa cuando, sesenta años más tarde, volviera a aparecer.</p>
<p>El pequeño no vio la viruta de la vela, ni pensó en el astro que por primera vez en su vida brillaba en el cielo. Tenía delante una cubeta con agua jabonosa, en la que introducía el extremo de un tubito de arcilla y, aspirando con la boca por el otro, soplaba burbujas de jabón, unas grandes, y otras pequeñas. Las pompas temblaban y flotaban, presentando bellísimos y cambiantes colores, que iban del amarillo al rojo, del lila al azul, adquiriendo luego un tono verde como hoja del bosque cuando el sol brilla a su través.</p>
<p>-Dios te conceda tantos años en la Tierra como pompas de jabón has hecho -murmuraba la madre.</p>
<p>-¿Tantos, tantos? -dijo el niño-. No terminaré nunca las pompas con toda esta agua.</p>
<p>Y el niño sopla que sopla.</p>
<p>-¡Ahí vuela un año, ahí vuela un año! ¡Mira cómo vuelan! -exclamaba a cada nueva burbuja que se soltaba y emprende el vuelo. Algunas fueron a pararle a los ojos; aquello escocía, quemaba; le asomaron las lágrimas. En cada burbuja veía una imagen de lo por venir, brillante, fúlgida.</p>
<p>-¡Ahora se ve el cometa! -gritaron los vecinos-. ¡Salgan a verlo, no se queden ahí dentro!</p>
<p>La madre salió entonces, llevando el niño de la mano; el pequeño hubo de dejar el tubito de arcilla y las pompas de jabón; había salido el cometa.</p>
<p>Y el niño vio la reluciente bola de fuego y su cola radiante; algunos decían que medía tres varas, otros, que millones de varas. Cada uno ve las cosas a su modo.</p>
<p>-Nuestros hijos y nietos tal vez habrán muerto antes de que vuelva a aparecer -decía la gente.</p>
<p>La mayoría de los que lo dijeron habían muerto, en efecto, cuando apareció de nuevo. Pero el niño cuya muerte, al creer de su madre, había sido pronosticada por la viruta de la vela, estaba vivo aún, hecho un anciano de blanco cabello. «Los cabellos blancos son las flores de la vejez», reza el proverbio; y el hombre tenía muchas de aquellas flores. Era un anciano maestro de escuela.</p>
<p>Los alumnos decían que era muy sabio, que sabía Historia y Geografía y cuanto se conoce sobre los astros.</p>
<p>-Todo vuelve -decía-. Fijaos, si no, en las personas y en los acontecimientos, y se darán cuenta de que siempre vuelven, con ropaje distinto, en otros países.</p>
<p>Y el maestro les contó el episodio de Guillermo Tell, que de un flechazo hubo de derribar una manzana colocada sobre la cabeza de su hijo; pero antes de disparar la flecha escondió otra en su pecho, destinada a atravesar el corazón del malvado Gessler. La cosa ocurrió en Suiza, pero muchos años antes había sucedido lo mismo en Dinamarca, con Palnatoke. También él fue condenado a derribar una manzana puesta sobre la cabeza de su hijo, y también él se guardó una flecha para vengarse. Y hace más de mil años los egipcios contaban la misma historia. Todo volverá, como los cometas, los cuales se alejan, desaparecen y vuelven.</p>
<p>Y habló luego del que esperaban, y que él había visto de niño. El maestro sabía mucho acerca de los cuerpos celestes y pensaba sobre ellos, pero sin olvidarse de la Historia y la Geografía.</p>
<p>Había dispuesto su jardín de manera que reprodujese el mapa de Dinamarca. Estaban allí las plantas y las flores tal como aparecen distribuidas en las diferentes regiones del país.</p>
<p>-Tráeme guisantes -decía, y uno iba al bancal que representaba Lolland-. Tráeme alforfón.</p>
<p>Y el interpelado iba a Langeland. La hermosa genciana azul y el romero se encontraban en Skagen, y la brillante oxiacanta, en Silkeborg. Las ciudades estaban señaladas con pedestales. Ahí estaba San Canuto con el dragón, indicando Odense; Absalón con el báculo episcopal indicaba Söro; el barquito con los remos significaba que en aquel lugar se levantaba la ciudad de Aarhus. En el jardín del maestro se aprendía muy bien el mapa de Dinamarca, pero antes había que escuchar sus explicaciones, y ésta era lo mejor de todo.</p>
<p>Estaban esperando el cometa, y el buen señor les habló de él y de lo que la gente había dicho y pensado sobre el astro muchos años antes, cuando había aparecido por última vez.</p>
<p>-El año del cometa es año de buen vino -dijo-. Se puede diluir con agua sin que se note. Los bodegueros deben esperar con agrado los años del cometa.</p>
<p>Por espacio de dos semanas enteras el cielo estuvo nublado, y, a pesar de que el meteoro brillaba en el firmamento, no podía verse.</p>
<p>El anciano maestro estaba en su pequeña vivienda contigua a la escuela. El reloj de Bornholm, heredado de sus padres, estaba en un rincón, pero las pesas de plomo no subían ni bajaban, ni el péndulo se movía; el cuclillo, que antaño salía a anunciar las horas, llevaba ya varios años encerrado, silencioso, en su casita. Todo en la habitación permanecía callado y mudo; el reloj no andaba. Mas el viejo piano, también del tiempo de los padres, tenía aún vida; las cuerdas aunque algo roncas podían tocar las melodías de toda una generación. El viejo recordaba muchas cosas, alegres y tristes, sucedidas durante todos aquellos años, desde que, siendo niño, viera el cometa, hasta su actual reaparición. Recordaba lo que su madre había dicho acerca de la viruta de la vela, y recordaba también las hermosas pompas de jabón, cada una de los cuales era un año -había dicho la mujer-, y ¡qué brillantes y ricas de colores! Todo lo bello y lo agradable se reflejaba en ellas: juegos de infancia e ilusiones de juventud, todo el vasto mundo desplegado a la luz del sol, aquel mundo que él quería recorrer. Eran burbujas del futuro. Ya viejo, arrancaba de las cuerdas del piano melodías del tiempo pasado: burbujas de la memoria, con las irisaciones del recuerdo. La canción de su madre mientras hacía calceta, el arrullo de la niñera…</p>
<p>Ora sonaban melodías del primer baile, un minueto y una polca, ora notas suaves y melancólicas que hacían asomar las lágrimas a los ojos del anciano. Ya era una marcha guerrera, ya un cántico religioso, ya alegres acordes, burbuja tras burbuja, como las que de niño soplara en el agua jabonosa.</p>
<p>Tenía fija la mirada en la ventana; por el cielo desfilaba una nube, y de pronto vio el cometa en el espacio sereno, con su brillante núcleo y su cabellera.</p>
<p>Le pareció que lo había visto la víspera, y, sin embargo, mediaba toda una larga vida entre aquellos días y los presentes. Entonces era un niño, y las pompas le decían: «¡Adelante!». Hoy todo le decía: «¡Atrás!». Sintió revivir los pensamientos y la fe de su infancia, sus ojos brillaron, y su mano se posó sobre las teclas; el piano emitió un sonido como si saltara una cuerda.</p>
<p>-¡Vengan a ver el cometa! -gritaban los vecinos-. El cielo está clarísimo. ¡Vengan a verlo!</p>
<p>El anciano maestro no contestó; había partido para verlo mejor; su alma seguía una órbita mayor, en unos espacios más vastos que los que recorre el cometa. Y otra vez lo verán desde el rico palacio y desde la pobre buhardilla, desde el bullicio de la calle y desde el erial que cruza el viajero solitario. Su alma fue vista por Dios v por los seres queridos que lo habían precedido en la tumba y con los que él ansiaba volver a reunirse.</p>
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