¿Cómo es Juanita? ¿Dónde vive? ¿Qué hace? ¿En qué vieja y noble ciudad andaluza tiene su casa? Yo creo que la he visto en todas partes, a lo largo de mis viajes. Juanita es hija de Juana; a esta Juana nos ha contado el querido maestro Valera que sus convecinos, por sobrenombre, la llaman La Larga.
A Juanita le han adjudicado por herencia también este adjetivo. Juana tiene cuarenta años; Juanita cuenta tan sólo diez y seis.
Juana está en esa edad admirable en que las mujeres hacen enloquecer a los muchachos que se inclinan sobre los bancos de los colegios; Juanita atraviesa estos años en que las mujeres nos hacen sentir, a los que comenzamos a caminar hacia la senectud, las dolorosas añoranzas del pasado.
Juana exhala de sí un aire de reposo, de sosiego, de nobleza, de majestad, de quien ha vivido mucho y ha visto lo que había que ver en la vida; Juanita es vivaracha, nerviosa, inquieta, audaz, espontánea, ingenua.
Lector, ¿qué te gusta a ti más de las dos cosas? Yo dudo entre esta sabiduría de Juana y esta ingenuidad de Juanita. Juana es maestra en todas las deleitosas artes de la gula: hace maravillosos hojaldres, empanadas estupendas con boquerones y picadillo de tomate y cebolla; polvorones, roscos de huevo y vino, pestiños, jagorros, hojuelas, arropes, gachas de mosto.
El maestro Valera enumera con una delectación secreta todas las dulces cosas que sabe aliñar Juana: ¿no era el amado maestro conterráneo de este otro gran maestro — tan pariente espiritual suyo —
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